Mirando hacia adentro
El problema es la contratación ilegal, no la inmigración. Este tipo de empleo crea una competencia desleal y el empobrecimiento de las condiciones laborales, primero para los irregulares y luego para los contratados legalmente.
La contratación ilegal favorece al contratista al hacerle pagar menos impuestos. Así, estafa al estado dejándolo desprovisto de aportes sociales necesarios para cubrir las demandas de la población.
Al mismo tiempo algunos contratistas honestos no pueden legalizar a sus trabajadores por trabas burocráticas de origen político.
Así la inmigración se convierte en un negocio sucio para algunos, en una traba burocrática para otros o en una simple reducción de costos para los primeros.
La inmigración es un aumento de población. Más población también significa más mercado, más cultura, más fuerza de trabajo. Estos “más” bien administrados dotan a un país de recursos nuevos.
La contratación ilegal promueve mafias y todo tipo de delitos. Este es el problema que debe resolver el estado.